Concienciación en ciberseguridad centrada en las personas

¿Por qué el futuro de la ciberseguridad comienza por las personas?

  • El reto no es la concienciación.
  • El reto es el comportamiento.
  • La concienciación no siempre cambia el comportamiento.

Durante años, las organizaciones han realizado importantes inversiones en formación y concienciación en ciberseguridad.

Las personas de la organización asisten a sesiones anuales de formación, completan cuestionarios obligatorios y visualizan vídeos de simulación. Se realiza un seguimiento de las tasas de finalización, se elaboran informes para explicar los resultados y los responsables confían en haber abordado la dimensión humana de la ciberseguridad. Sin embargo, los ciberincidentes continúan produciéndose a un ritmo preocupante y las personas siguen siendo uno de los principales puntos de entrada.

La realidad puede resultar incómoda, pero es difícil ignorarla: si la formación en concienciación fuera suficiente por sí sola, hoy estaríamos mucho más protegidos, ¿no es así?

Las organizaciones llevan años incrementando su inversión en programas de concienciación. Sin embargo, el error humano continúa siendo uno de los factores que con mayor frecuencia contribuyen a los ciberincidentes. Los métodos tradicionales suelen conceder un peso excesivo a la tecnología, parten de la premisa o creencia de que proporcionar al empleado más información modifica automáticamente el comportamiento y se apoyan en contenidos genéricos poco conectados con la realidad del trabajo diario.

 

La ciberseguridad es un reto humano antes de convertirse en un reto tecnológico

La mayoría de las personas saben que no deben hacer clic en enlaces sospechosos. Entienden la importancia de utilizar contraseñas robustas y conocen las advertencias sobre ingeniería social. Aun así, siguen haciendo clic. No porque actúen de forma negligente, sino porque son humanas.

Las personas trabajan hoy en entornos marcados por interrupciones constantes, prioridades contrapuestas, sobrecarga de información, modelos de trabajo híbridos e interacciones digitales cada vez más sofisticadas. Se espera que tomen decisiones en cuestión de segundos, mientras su atención se fragmenta por el cambio continuo entre tareas y contenidos, convertido ya en la norma.

Los actores de amenazas comprenden esta realidad a la perfección. Muchos programas de ciberseguridad, en cambio, todavía no.

La concienciación en ciberseguridad centrada en las personas parte de una observación sencilla, pero fundamental: las decisiones no se toman en un entorno de laboratorio. Se toman mientras las personas están ocupadas, distraídas, sometidas a presión y tratando de sacar adelante su trabajo. Si las organizaciones quieren obtener resultados diferentes en materia de seguridad, la formación debe reflejar estas realidades.

  
Del cumplimiento al cambio de comportamiento

Los programas tradicionales de concienciación suelen diseñarse para acreditar el cumplimiento. Los programas centrados en las personas se diseñan para modificar comportamientos. Esta diferencia es esencial. Las métricas de finalización indican quién ha realizado la formación, pero aportan poca información sobre si esa persona tomará una decisión más segura ante un correo de phishing convincente, una solicitud de pago fraudulenta o un intento de ingeniería social generado mediante inteligencia artificial.

Los programas eficaces de concienciación se centran en comprender cómo piensan las personas, qué las motiva, qué sesgos influyen en sus decisiones y en qué situaciones es más probable que se produzcan conductas de riesgo. Incorporan principios de las ciencias del comportamiento y refuerzan el aprendizaje de forma continua, en lugar de tratar la concienciación como un ejercicio anual.

El objetivo no es convertir a todas las personas en expertas en seguridad, sino ayudarlas a tomar decisiones más seguras cuando realmente llega el momento e importa.

  
El contexto importa

Una de las principales carencias de los programas de concienciación es asumir que todas las personas se enfrentan a los mismos riesgos. No es así. Por ejemplo:

Una persona del área financiera que gestiona pagos se enfrenta a amenazas diferentes de las que afectan a un miembro del equipo directivo.

Una persona dedicada al desarrollo se enfrenta a riesgos distintos de los de un profesional de atención al cliente.

Una organización sanitaria opera bajo presiones diferentes de las de una empresa industrial o una entidad financiera.

La concienciación centrada en las personas reconoce estas diferencias y adapta los contenidos a cada realidad. La formación se alinea con funciones, procesos de negocio, sectores y escenarios de amenaza específicos, lo que la hace más relevante, atractiva y, en última instancia, más eficaz.

Cuando las personas se reconocen en los ejemplos presentados, prestan atención. Cuando la formación resulta genérica, desconectan.

  
Un enfoque más inteligente
BASADO EN RIESGOS PERSONALIZADO
Alineado con las amenazas y los comportamientos más relevantes para la organización. Adaptado por función, departamento, sector y nivel de exposición al riesgo.
ORIENTADO AL NEGOCIO ORIENTADO A RESULTADOS
Conectado con la forma en que las personas toman decisiones en su actividad diaria. Medido para identificar brechas de conocimiento y favorecer el cambio de comportamiento.
  
El auge de la IA hace que el factor humano sea aún más importante

El panorama de la ciberseguridad está evolucionando a una velocidad de vértigo.

La inteligencia artificial ha reducido las barreras de entrada para los hackers, ha potenciado las capacidades de ingeniería social y ha incrementado tanto el volumen como la sofisticación de los ataques. Al mismo tiempo, las organizaciones están adoptando la IA para impulsar la eficiencia, la innovación, el crecimiento, y también para mejorar su defensa ante ciber-ataques.

Aunque la tecnología continúa desempeñando un papel esencial en la ciberdefensa, el factor humano adquiere una relevancia aún mayor.

El futuro de la ciberseguridad dependerá de la capacidad de las organizaciones para integrar tecnología, procesos y personas en un modelo operativo resiliente. A medida que el ciberriesgo se incorpora a la estrategia empresarial, la resiliencia no puede alcanzarse únicamente mediante herramientas. Requiere que las personas de todos los niveles participen activamente en la gestión del riesgo. Por ello, la formación en concienciación debe evolucionar.

Las organizaciones necesitan programas que ayuden a las personas a reconocer riesgos emergentes, adaptarse a entornos cambiantes y tomar decisiones informadas en situaciones reales.

  
Construir comportamientos de seguridad duraderos

Las culturas de ciberseguridad más sólidas no se construyen desde el miedo, sino desde la relevancia.

Las personas responden cuando la formación refleja sus experiencias diarias, les ayuda a comprender las consecuencias y les muestra formas prácticas de reducir el riesgo sin frenar la actividad empresarial.

Las organizaciones que obtienen mejores resultados consideran la concienciación como una capacidad continua, no como un evento anual. Miden periódicamente los resultados, perfeccionan los contenidos, identifican comportamientos de alto riesgo y refuerzan con el tiempo los hábitos positivos de seguridad.

Este enfoque transforma la concienciación: deja de ser un requisito de cumplimiento y se convierte en un facilitador del negocio.

Contribuye a crear una plantilla más resiliente, mejor informada y preparada para desenvolverse con confianza en un entorno digital cada vez más complejo.

  
El camino a seguir

La ciberseguridad se ha convertido en un reto de velocidad, no exclusivamente tecnológico.

Las organizaciones avanzan más rápido que nunca. La IA acelera la innovación, los ecosistemas digitales se expanden y las amenazas continúan evolucionando.

En este entorno, las organizaciones que prosperen no serán las que ofrezcan los cursos de concienciación más extensos, acumulen el mayor número de formaciones o registren las tasas de finalización más elevadas.

Serán las organizaciones que comprendan a las personas.

Serán aquellas que reconozcan que la ciberseguridad depende, en última instancia, de la toma de decisiones, el comportamiento y la cultura.

El futuro de la concienciación en ciberseguridad no consiste en generar más contenido. Consiste en lograr mejores resultados.

Y esos resultados comienzan con un enfoque centrado en las personas, que parte de su realidad, refleja su forma de trabajar y las capacita para convertirse en una de las capas de defensa más sólidas que puede construir una organización.

BDO ayuda a las organizaciones a consolidar comportamientos de seguridad más sólidos mediante una formación práctica, relevante y alineada con los riesgos reales del negocio.

Human Centric Cyber Awareness - BDO