El uso de la IA en la auditoría

De un tiempo a esta parte, el uso de la Inteligencia Artificial (IA) se ha generalizado en nuestro día a día, y el sector de la auditoría no es ajeno a esta tendencia. Por ello, muchos consideran la IA como uno de los motores principales de la cuarta revolución industrial.

En relación con el sector de la auditoría, ya en el año 2024, el informe "El reto de la Inteligencia Artificial para la Auditoría", impulsado por el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC) y la Asociación Española de Profesores Universitarios de Contabilidad (ASEPUC), se hacía referencia a que un 27% de las firmas había desarrollado una estrategia integral de IA y, aproximadamente, un 62% de los auditores hacía uso de este tipo de tecnología.

Está claro que esta nueva herramienta ha llegado para quedarse y que debemos adaptarnos a ella, lo que supondrá la redefinición de determinados procesos, roles profesionales y expectativas de calidad.

Por un lado, el uso de la IA permite la automatización de procedimientos de auditoría repetitivos, de forma que se puedan dedicar más recursos a labores que aportan un mayor valor añadido. Por otro lado, los algoritmos ofrecen la capacidad de realizar un análisis de poblaciones completas frente a la tradicional selección de muestras, lo que facilita la detección de anomalías, reduce el riesgo de errores y permite la identificación de determinados patrones relevantes.

Además, la introducción de este tipo de tecnologías puede incrementar el atractivo de nuestra profesión, especialmente para perfiles jóvenes.

Ahora bien, no podemos obviar que existen determinados retos que también nos afectan y a los que debemos enfrentarnos.

Tal y como indica la NIA-ES 200 en su párrafo 15, "El auditor planificará y ejecutará la auditoría con escepticismo profesional…", la aplicación de la inteligencia artificial a la auditoría no debe llevarnos a perder dicha actitud, ya que existen determinados sesgos en los algoritmos que pueden afectar a la evaluación de los riesgos o a determinadas estimaciones contables. Asimismo, dicha automatización de procesos puede dar la falsa impresión de que la responsabilidad recae sobre la herramienta. Sin embargo, el ICAC ya señalaba que las herramientas de IA e IA generativa deben incluirse dentro del marco integral para la gestión de la calidad en las firmas de auditoría que establece la ISQM 1 (NIGC 1-ES).

Por lo tanto, los equipos de auditoría deben mantener el control sobre la tecnología y ser responsables de su juicio profesional. Es por ello que estas nuevas herramientas no pueden sustituir la toma de decisiones del auditor, sino apoyarle en ella.

Otro punto importante es la ciberseguridad y la protección de los datos. Como es sabido, durante el transcurso de una auditoría se hace uso de información de carácter sensible. En este sentido, la ciberseguridad constituye un punto crítico para garantizar la fiabilidad del trabajo del auditor y la privacidad de los datos utilizados. Es por ello que, en el proceso de auditoría, ya no solo deberemos centrarnos en revisar los sistemas financieros, sino también evaluar la seguridad de los modelos de IA que generen información relevante para los estados financieros y los controles internos de la entidad.

Por último, y no menos importante, no podemos ser ajenos al trasfondo geopolítico asociado al uso de la inteligencia artificial y a las posibles limitaciones que pueden establecer los países.

Como síntesis de todo lo anterior, debemos tener en cuenta que la IA no sustituye al auditor sino que va a transformar su papel, haciendo que la profesión se mueva hacia un modelo en el que se produzca la automatización de determinados procesos, se amplíe el alcance del trabajo y se haga un uso equilibrado de este tipo de tecnologías. Dado que el auditor siempre va a aportar un juicio profesional que no va a poder hacer una máquina.