APORTACIÓN DE KNOW-HOW AL CAPITAL SOCIAL

Resulta llamativa la carrera que se produce habitualmente entre, por un lado, las nuevas tecnologías y formas de entender los negocios y, por otro lado, el rigor y la seguridad jurídica. Son conceptos que, en ocasiones, inicialmente van en paralelo, aparentemente sin posibilidad de encontrarse, hasta que, ineludiblemente, se ven obligadas a buscarse y a generar entre ellas un marco de convivencia. 

La penúltima de las discordias tiene que ver con el concepto de know-how y su aportación como capital a una sociedad. Y viene con ocasión de una Resolución de la Dirección General de los Registros y del Notariado (DGRN) de finales del mes de diciembre (Resolución de 4 de diciembre de 2019).

Dicha Resolución se pronuncia sobre el alcance del concepto know-how y los requisitos para su aportación al capital social de una sociedad limitada y ha generado cierta polémica.

Básicamente, el supuesto trata sobre la aportación en la constitución de una sociedad limitada del know-how, “consistente en la información técnica necesaria para diseñar, fabricar, emplear, mantener o comercializar productos o sus elementos que permiten lograr el proyecto específico. Dicho saber se mantiene en secreto, al igual que el modelo de negocio necesario para la constitución, desarrollo y comercialización de “XXX, S.L.” así como la totalidad de sus conocimientos, de su saber especializado y de la experiencia adquirida que se describe a continuación:…”.

El registrador mercantil se opuso a la inscripción porque consideró que se trataba de una aportación de trabajo o servicios que no pueden ser objeto de aportación, tal y como se establece en el Art. 58 Ley de Sociedades de Capital.

Los recurrentes alegaron que el objeto de la aportación son conocimientos técnicos, secretos, identificables de los que derivan un beneficio económico y que son imprescindibles para la actividad social.

A la vista del recurso, la Dirección General de los Registros y del Notariado admitió la idoneidad de un bien inmaterial como es el know-how para ser aportado como capital y lo sustentó en que el objeto de aportación cuestionado, aun siendo un bien inmaterial, tiene carácter patrimonial, es susceptible de valoración económica (comparándolo con la aportación de fondo de comercio) y de apropiación por lo que puede aportarse a la sociedad y es apto para producir una ganancia. Señala la resolución, además, que dicha aportación es diferente de la mera obligación de hacer, por lo que no se infringe la norma que impide que sean objeto de aportación el trabajo o los servicios.

Cinco son las principales cuestiones que suscita dicha resolución:

1.    De entrada, la comparación con el fondo de comercio es discutible. Ambos conceptos coinciden en su naturaleza de activos intangibles pero el fondo de comercio se refiere esencialmente a elementos con valor económico que no pueden ser separados de la empresa porque son de su propiedad (a modo de ejemplo, la cartera de clientes, la reputación empresarial, etc.). 


2.    Se trata un bien con un carácter personalísimo ya que son un conjunto de conocimientos prácticos de índole personal que, aun aportándolos a la sociedad, permanecen en la esfera de la persona que los posee. De ahí que este tipo de aportaciones deberían ir vinculadas con clausulas de exclusividad y no competencia, a fin de evitar su utilización irregular o incluso su transmisión.

En consecuencia, en nuestro caso la relación con el aportante es tan estrecha que gran parte de la doctrina considera que se trata de bienes intangibles no susceptibles de transmisión, lo que impide, lógicamente, una titularidad plena por parte de la sociedad receptora, de forma que le permita, por ejemplo, una posterior transmisión del bien.

3.    Otra duda que suscita es en relación con la función que tiene el capital social como garantía para acreedores. En este caso, la función de cifra de garantía que cumple el capital social con esta aportación quedará cuestionada ya que difícilmente podrá ser objeto de embargo por parte de acreedores de la sociedad.

Además, a efectos de responsabilidad, conviene recordar que serán los socios fundadores y las personas que adquieran sucesivamente las participaciones emitidas en contrapartida de la aportación, las que responderán frente a la sociedad y a los acreedores sociales de la efectiva existencia y valoración correcta del “know-how”, por el plazo de cinco (5) años desde que se produzca la aportación.

4.    Siguiendo con la valoración, éste también es un concepto objeto de controversia. La determinación de su valor, en el caso de aportaciones no dinerarias de bienes intangibles como es el “know-how”, puede conllevar una distorsión en cuanto a su valoración real con las graves consecuencias que ello puede comportar.

5.    Finalmente, antes de proceder con este tipo de aportaciones no sería desaconsejable realizar una aproximación a las consecuencias, repercusiones y riesgos que pueden existir en los ámbitos laboral y tributario. 

En definitiva, estas cuestiones discutibles deberán ser solucionadas a los efectos de lograr el encaje entre las nuevas tecnologías y las nuevas formas de negocio y la seguridad jurídica que debe imperar en el ámbito de las relaciones de las sociedades entre sí, y con sus socios y, para ello, convendrá estar atentos a los pronunciamientos doctrinales y jurisprudenciales al objeto de ver si se mantiene el reciente criterio establecido.